El valor del facsímil
El facsímil, una solución perfecta
Para preservar y divulgar
Los manuscritos originales
Los códices, al ser piezas únicas y dadas sus especiales características, son obras que forman parte Patrimonio de la Humanidad, por lo que su conservación es sumamente importante. En los realizados entre los siglos VI y XVI hay algunos extremadamente frágiles, generalmente por la naturaleza del soporte sobre el que han sido realizados (papiro, papel, tela, etc.) y unido al paso de los siglos. De hecho, las instituciones donde se custodian los mantienen en cámaras especialmente acondicionadas, y sólo en muy contadas ocasiones son expuestos al público o se permite su acceso a los especialistas e investigadores. Lógicamente, cada vez será más difícil su acceso. Por ello, el papel del facsímil en la preservación y difusión es sumamente importante. Gracias a la feliz conjunción de la tecnología actual -que permite reproducciones con toda suerte de detalles-, con la artesanía tradicional, el facsímil cubre perfectamente las funciones básicas: preservar el original al ser capaz de ocupar su lugar, y divulgar su extraordinario contenido al mayor número posible de personas.
El proceso digital de reproducción
El primer procedimiento a seguir en una reproducción facsimilar es el fotografiado del códice, generalmente desencuadernado, con una cámara digital especialmente preparada para garantizar la máxima fidelidad de reproducción y protección del original.
El soporte material, la calidad de la impresión y el acabado.
Seguidamente se procede a seleccionar el soporte material más adecuado al del original y a realizar las diversas pruebas de impresión, contrastándolas con los originales hasta conseguir la fidelidad de tonos y detalles requeridos. Toca ahora el proceso del troquelado, a fin de dar la veracidad correcta y estética del estado de conservación del manuscrito.
La encuadernación y presentación
Y por último, se procede a la encuadernación artesana; los folios, en pliegos, se cosen al hilo “en octavo”, se forma el bloque, y se procede al tintado de los cantos, y se aplica la cabezada y la cinta-guía de lectura si la hubiere. Aparte se forman las tapas y nervaduras del lomo con cartón forrado en piel de cabra, tintada en rojo, se estampan en oro las orlas y motivos sobre la piel, y después se le añade y encola el bloque con las guardas, también encoladas. Todo el proceso, en sus respectivas fases, es objeto de un riguroso control de calidad, a fin de ofrecer una verdadera joya digna de la más alta exigencia de un bibliófilo.
